En la Parroquia Nuestra Señora de Aránzazu, el Obispo Oscar Ojea presidió una Misa Exequial en honor al querido sacerdote Jorge Luis Lagazio, quien falleció el pasado 6 de julio. Acudieron al ritual de despedida sus familiares, amigos, sacerdotes de la Diócesis de San Isidro, el Intendente Juan Andreotti, funcionarios municipales y una multitud de vecinos.


La comunidad de San Fernando acompañó a familiares y amigos durante la misa de exequias del Padre Jorge Luis Lagazio, querido Párroco de “Nuestra Señora de Aránzazu”. El histórico referente era reconocido por su gran labor social y solidaria, además de muy querido por todos aquellos que llegaron a conocerlo. El Intendente Juan Andreotti y funcionarios del Municipio compartieron la ceremonia que presidió el Obispo Monseñor Oscar Ojea.

“Jorge Luis era alguien siempre dispuesto a tender una mano a quién lo necesitara. Compartimos una hermosa relación desde lo Institucional que se terminó transformando en una hermosa amistad, donde pudimos trabajar juntos en acciones por el bien común”, contó Andreotti para despedir al sacerdote.

Lagazio nació el 27 de noviembre de 1956 y fue ordenado sacerdote el 20 de diciembre de 1980. Durante su ministerio sirvió en la Diócesis de la Región NEA y en la Comisión Episcopal de Pastoral Social. Fue promotor del trabajo solidario de la Iglesia católica y el principal referente de instituciones sanfernandinas de mucha tradición como la histórica Parroquia Ntra. Sra. de Aránzazu y el Colegio San Martín de Tours.

Entre su notable desempeño como Cura Párroco se destaca el haber logrado en conjunto con el Municipio la restauración del casi sesquicentenario templo, el mayor emblema arquitectónico de San Fernando, un sueño al que dedicó muchos años de su vida y que alcanzó a cumplir en 2017 junto al por entonces intendente Luis Andreotti, y que continuó para completar su mantenimiento y detalles interiores con el actual Jefe Comunal, Juan Andreotti.

Entre los presentes en la Misa, el recuerdo del Párroco se expresó con mucho cariño: “Era muy afable, una persona sumamente misericordiosa y muy misionera, abierto a todo, a nadie dejaba en su camino; a todos les dio una oportunidad” dijo Cristina. Mientras que por su parte, Elena comentó que “fue una persona dedicada, comprometida, alegre, feliz como sacerdote, realmente íntegro”.